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Textos de la literatura

Molière
El médico a palos (fragmento)


" Juliana.- Ay señor amo! que aunque el médico sea un pozo de ciencia, me parece a mí que no haremos nada.
D. Gerónimo.- ¿Por que?
Juliana.- Porque Doña Paulita no ha menester médicos, sino marido, marido, eso la conviene: lo demás es andarse por las ramas. ¿Le parece a usted que ha de curarse con ruibarbo, y jalapa, y tinturas, y cocimientos, y potingues y porquerías, que no sé cómo no ha perdido ya el estómago? No señor, con un buen marido, sanará perfectamente.
Lucas.- Vamos, calla, no hables tonterías.
D. Gerónimo.- La chica no piensa en eso. Es todavía muy niña.
Juliana.- Niña! sí, cásela usted, y verá si es niña.
D. Gerónimo.- Más adelante no digo que...
Juliana.- Boda, boda, y afloxar el dote, y...
D. Gerónimo.- ¿Quieres callar, habladora?
Juliana.- Allí le duele... Y despedir médicos y boticarios, y tirar todas esas pócimas y brebajes por la ventana, y llamar al novio, que ese la pondrá buena.
D. Gerónimo.- ¿A qué novio, bachillera, impertinente? ¿En dónde está ese novio?
Juliana.- ¡Qué presto se le olvidan a usted las cosas! ¿Pues que no sabe usted que Leandro la quiere, que la adora, y ella le corresponde? ¿No lo sabe usted?
D. Gerónimo.- La fortuna del tal Leandro está en que no le conozco, porque desde que tenia ocho o diez años no le he vuelto a ver... Y ya sé que anda por aquí acechando, y rondándome la casa; pero como yo le llegue a pillar... Bien que lo mejor será escribir a su tío para que le recoja, y se le, lleve a Buitrago, y allí se le tenga. ¡Leandro! ¡Buen matrimonio por cierto! con un mancebito que acaba de salir de la universidad: muy atestada de Vinios la cabeza, y sin, un cuarto en el bolsillo.
Juliana.- Su, tío, que es muy rico, que es muy amigo de usted, que quiere mucho a su sobrino, y que no tiene otro heredero, suplirá esa falta. Con el dote que usted dará a su hija, y con lo que...
D. Gerónimo.- Vete al instante de aquí lengua de demonio.
Juliana.- Allí le duele.
D. Gerónimo.- Vete.
Juliana.- Ya me iré señor.
D. Gerónimo.- Vete, que no te puedo sufrir.
Lucas.- ¡Que siempre has de dar en eso, Juliana! Calla, y no desazones al amo, mujer, calla, que el amo no necesita de tus consejos para hacer lo que quiera. No te metas nunca en cuidados ajenos: que al fin y al cabo, el señor es el padre de su hija, y su hija es hija, y su padre es el señor, no tiene remedio.

 

Rosalía de Castro
A las orillas del Sar (fragmento)


"
En los ecos del órgano o en el rumor del viento,
en el fulgor de un astro o en la gota de lluvia,
te adivinaba en todo y en todo te buscaba,
          sin encontrarte nunca.
     Quizá después ha hallado, te ha hallado y te ha perdido
otra vez, de la vida en la batalla ruda,
ya que sigue buscándote y te adivina en todo,
          sin encontrarte nunca.

     Pero sabe que existes y no eres vano sueño,
hermosura sin nombre, pero perfecta y única;
por eso vive triste, porque te busca siempre
          sin encontrarte nunca.
"

Hermann Broch
Adiós a Musil (fragmento)


" Hay que decir adiós a quien siempre se despidió, porque se pasó la vida despidiéndose. Nunca lo hizo de un modo sentimental, apenas dolorosamente; se despedía siempre con la exactitud de un cronista que atrapa el pasado, porque quiere la realidad presente, el germen del futuro. Esta búsqueda del tiempo perdido que ha sido siempre una parte esencial del escritor: arrebatar al olvido lo que nos pertenece, atrapar otra vez el vértigo de lo que hemos vivido, mirar hacia el pasado invisible para hacerlo transparente. "

 

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